Ovinocultores: “El Futuro del Campo“
Por: Jorge Alanis Zamorano Nuevas Rutas
Telchac Pueblo, Yucatán.
En medio de un rancho que refleja tanto el trabajo cotidiano como la apuesta por la innovación, se generó una conversación que deja ver con claridad hacia dónde puede avanzar la ovinocultura en Yucatán. No se trató solo de una entrevista técnica, sino de una charla franca y transparente donde se fueron desmenuzando, paso a paso, los beneficios reales de aplicar nuevas herramientas en el campo, especialmente pensando en los pequeños productores.
Desde el inicio, se marcó el contexto: “el sector ovino en el estado está en proceso de recuperación y crecimiento”. Hoy día, se exige más en la calidad de la carne y Yucatán ya cuenta con un reconocimiento creciente a nivel nacional. En ese escenario, perfiles como el de Andrea Chan Borges —ingeniera agrónoma y estudiante de posgrado en Producción Pecuaria Tropical— representan una nueva generación que busca conectar la investigación con la práctica diaria en el rancho.
Andrea me explicó que su trabajo se enfoca en mejorar la calidad del semen ovino que ha sido congelado, utilizando dos elementos clave: el plasma seminal y la crocina, un antioxidante que ayuda a proteger las células. Y aunque puede sonar técnico, traté de aterrizar la información: lo importante es que esto permita que más borregas queden preñadas cuando se utiliza inseminación artificial.

Comparar lo tradicional con lo innovador
Aquí comienza uno de los puntos centrales de nuestra charla: comparar lo tradicional con lo innovador. Le pregunté directamente por los porcentajes de éxito. Andrea responde con claridad: la monta natural sigue teniendo mejores resultados, sin embargo, la inseminación con semen congelado —en su forma más accesible, la cervical— alcanza entre un 30% y 50% de éxito. El objetivo de Andrea Chan es elevar ese porcentaje hasta un 60%. No parece un cambio menor, pero en términos productivos puede significar una diferencia importante en el número de crías al año.
Insistí en algo clave: la accesibilidad. Hay métodos más efectivos como la inseminación intrauterina, pero no todos los productores pueden costearlos puntualiza Andrea. En cambio, el método que propone Andrea Chan, está pensado precisamente para quienes tienen recursos limitados. ¡Es ahí donde la conversación toma un giro práctico! pues no solo se trata de mejorar la técnica, sino de hacerla viable en el contexto real del campo.





Llevar un semental o trabajar con pajuelas de semen
A partir de este punto, el diálogo se vuelve especialmente revelador para cualquier productor. Abordamos la diferencia entre llevar un semental al rancho y trabajar con pajuelas de semen. Andrea me explicó que mantener un macho implica costos de traslado, alimentación, cuidados y tiempo. Además, hay riesgos que muchas veces no se consideran: enfermedades que no son visibles a simple vista, transmisión de infecciones al hato, o incluso la disminución en la calidad del semen debido al estrés del animal durante el transporte.
Por mi parte, retomé esta idea con un ejemplo sencillo pero contundente: “traer un animal puede terminar dejando “problemas” en el rancho, tanto sanitarios como económicos”. Andrea complementa señalando que incluso un semental con buena reputación puede no rendir igual en un entorno distinto o bajo condiciones de estrés (muy importante para tomar en cuenta).

Ventajas claras
En contraste, Andrea puntualizó que el uso de semen congelado ofrece ventajas claras. “No solo reduces costos, sino que permite transportar material genético de calidad sin mover al animal”. Además, abre una posibilidad que visualicé entre líneas y que destaqué con sorpresa: de una sola eyaculación se pueden obtener entre 100 y 200 pajuelas. ¡Esto cambia completamente la escala del aprovechamiento reproductivo!
El impacto es evidente cuando se compara con la monta natural. Un solo macho puede cubrir un número limitado de hembras y además se desgasta físicamente. En cambio, con semen procesado, ese mismo potencial se multiplica y puede conservarse durante años. Andrea mencionó que el semen bien manejado puede mantenerse viable por más de una década, lo cual representa una herramienta estratégica para los productores.




El ciclo reproductivo de borregas
Otro tema que surgió de manera natural siendo uno de los principales retos en el campo: el control del ciclo reproductivo de las borregas. Durante la conversación lo mencioné como un problema común: “no todas las hembras están listas al mismo tiempo”. Andrea confirma que muchos pequeños productores no llevan un registro del ciclo estral, lo que limita la eficiencia del empadre.
Aquí entra otra de las aportaciones clave del trabajo: la sincronización de celo. Andrea controla a través de un protocolo que incluye dispositivos y hormonas, es posible lograr que hasta un 90% de las borregas entren en celo al mismo tiempo. Por mi parte, traté de explicarlo en términos simples: “en lugar de depender de la suerte o del tiempo, el productor puede planear y concentrar la reproducción”.
En este punto se abre la puerta a uno de los beneficios más importantes: aumentar la producción anual. En condiciones normales, las borregas en zonas tropicales tienen una temporada reproductiva específica. Sin embargo, con estas biotecnologías es posible inducir ciclos adicionales. Esto significa que, en lugar de esperar un año para obtener nuevas crías, se pueden lograr dos periodos reproductivos, aseguró Andrea Chan.



Traducir ciencia en beneficios para el campo
Al final lo representé con un ejemplo muy claro: si antes un productor obtenía 20 borregos al año, ahora podría alcanzar alrededor de 35. Puede variar, pero el incremento es significativo. Andrea complementó “…Y no solo se trata de cantidad, sino de mejorar la calidad genética del hato y optimizar los recursos disponibles”.
Hacia el final de la conversación, se percibe un cierre que no es solo técnico, sino también social. Reconocí que este tipo de trabajos tienen un impacto directo en el crecimiento del sector agropecuario en Yucatán. Andrea, por su parte, deja claro que su objetivo no es quedarse en el laboratorio, sino llevar estas herramientas a los productores, mejorar sus hatos y eventualmente ofrecer pajuelas a nivel comercial.
La entrevista, en conjunto, logra algo importante: traducir un proyecto científico en beneficios concretos para el campo. A través de preguntas insistentes y ejemplos prácticos, pudimos guiarnos mutuamente durante la conversación para que cualquier productor pueda entender no solo el “cómo”, sino el “para qué”.
Al final, lo que queda es una idea clara: la innovación no está peleada con la realidad del pequeño productor. Al contrario, cuando se adapta correctamente, puede convertirse en una herramienta clave para mejorar la productividad, reducir riesgos y hacer crecer el patrimonio de quienes viven del campo.

Como siempre Nuevas Rutas agradece la apertura a esta información que sin duda vale oro molido, esto es lo que sucede en Yucatán, es lo que nuestra gente está haciendo para llegar más lejos y por consecuencia arrastra al éxito a todos los interesados en lo que se hace y se logra y por eso mismo, así lo expresamos: te vamos a buscar, te vamos a encontrar y vamos a platicar contigo porque lo que haces debe interesarnos a todos.







