Cuando el trabajo llama

¿Quién acompaña a nuestros adultos mayores?

Por Jorge Alanis Zamorano

En muchas familias existe una preocupación silenciosa que pocas veces se comenta abiertamente. Mientras hijos y nietos salen a trabajar, cumplen compromisos o atienden las exigencias de la vida diaria, surge una pregunta inevitable: ¿quién acompaña a los adultos mayores durante el día?

La respuesta no siempre es sencilla. Mantener a una persona mayor activa, acompañada y emocionalmente estable representa un desafío para muchas familias. Permanecer largas horas en casa, sin actividades ni convivencia, puede afectar tanto el estado de ánimo como la salud física de nuestros abuelos.

Con esta inquietud en mente, llegamos a El Vergel Lupita Basteris, un espacio ubicado en Mérida que próximamente abrirá sus puertas al público a través de un Open House, una oportunidad para que las familias conozcan de primera mano las instalaciones, los servicios y la filosofía de atención que ofrece este centro dedicado al bienestar integral de las personas mayores.

La maestra en Finanzas Beatriz Peña Rico, coordinadora administrativa del lugar, explica que el objetivo principal es brindar un espacio donde los adultos mayores puedan mantenerse activos física, intelectual, emocional y espiritualmente.

“Queremos que las familias conozcan cómo trabajamos y que descubran que sus seres queridos pueden encontrar aquí un entorno de convivencia, aprendizaje y acompañamiento”, comenta.

La jornada comienza desde la mañana con la toma de signos vitales y una colación compartida entre compañeros. Más que un desayuno, se convierte en un momento para conversar, intercambiar experiencias y fortalecer amistades. Después llegan los talleres, las actividades recreativas y los espacios diseñados para estimular la mente y el cuerpo.

A lo largo del día, los asistentes pueden participar en diversas dinámicas de acuerdo con sus intereses y capacidades. También reciben una comida completa y cuentan con momentos de convivencia que, según los responsables del centro, terminan convirtiéndose en uno de los aspectos más valorados por quienes asisten regularmente.

Pero más allá de las actividades, hay algo que llama la atención durante el recorrido: el sentido de pertenencia que se genera entre los participantes.

Aquí no solamente se comparten talleres. También se comparten historias, recuerdos y experiencias. Cuando algún integrante falta, sus compañeros preguntan por él. Cuando alguien tiene algo que celebrar, encuentra un grupo dispuesto a acompañarlo.

La parte física también ocupa un lugar importante. Cada día inicia con ejercicios de activación adaptados a las capacidades de cada persona, incluyendo adultos mayores que utilizan bastón, andadera o silla de ruedas.

“Fortalecer el cuerpo, la mente y el espíritu termina fortaleciendo también las emociones”, explica Beatriz Peña.

El aspecto espiritual tampoco queda fuera. Personas de distintas creencias encuentran aquí un ambiente de respeto y apertura. Periódicamente se celebran actividades religiosas, aunque cada participante es libre de practicar su fe de la manera que considere adecuada.

Otro detalle que destaca es que el lugar fue diseñado específicamente para adultos mayores. Amplios espacios, jardines, rampas y áreas seguras forman parte de una infraestructura pensada para brindar comodidad y tranquilidad.

Además, las fechas especiales se viven en comunidad. Cumpleaños, fiestas patrias, Navidad, Día de las Madres, Día del Padre o el Día del Abuelo suelen convertirse en momentos de convivencia donde también participan familiares, fortaleciendo los lazos entre generaciones.

Para quienes desean conocer el proyecto, El Vergel realizará su primer Open House durante una semana del mes de junio (del 15 al 19), aunque la maestra Beatriz Peña me comenta que se puede llegar en cualquier día de la semana a preguntar y que con todo gusto ofrecen la información. En estas fechas las familias podrán recorrer las instalaciones, observar las actividades y resolver todas sus dudas directamente con el personal.

Después que recorrí el lugar y conversar con quienes forman parte de esta comunidad, queda una reflexión: envejecer no significa detenerse. Significa seguir compartiendo, aprendiendo, riendo y encontrando espacios donde la compañía y la dignidad sigan formando parte de la vida cotidiana.

Porque al final, todos necesitamos sentir que pertenecemos a algún lugar. Y para muchos adultos mayores, sitios como El Vergel Lupita Basteris pueden convertirse precisamente en eso: una segunda casa.

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