El secreto de las aulas sin fronteras

Ingles y Coreano

Por Jorge Alanis

Hay una escena muy clara que todos recordamos de nuestra infancia: la tensión de estar sentados en un salón de clases, temblando por dentro mientras el profesor nos pedía pronunciar una lista de palabras memorizadas de un idioma ajeno. La frustración no venía de la falta de capacidad, sino del método. Aprender a comunicarnos con el mundo nunca debió sentirse como memorizar un manual de instrucciones, sino como la aventura de salir a jugar. En Charla Franca y directa con Gustavo Chan Canul, {el es licenciado en idiomas con especialidad en inglés y posteriormente con el Dr. Sung Jei Oh, Profesor del idioma coreano en el Colegio Americano Mérida, Director del Colegio Coreanos en México, pertenece a la Asociación de las Escuelas Coreanas en México y Vicepresidente de la Asociación en Centroamérica y Caribe de escuelas coreanas.

Pensar en directo

Cuando nos preguntamos cómo lograr que los niños hablen inglés con fluidez y sin ese paralizante miedo al error, la respuesta no está en acumular reglas gramaticales ni en acumular vocabulario en una libreta. La clave radica en la inmersión natural. Desde los primeros años, el cerebro infantil absorbe el lenguaje de la misma forma en que aprendió a decir “mamá” o “papá”: mediante el ritmo de la música, el juego y la asociación visual directa.

Al integrar la fonética desde la primaria, los pequeños no solo traducen mentalmente lo que escuchan; comprenden el sonido original y articulan sus propias ideas. No se trata de lucir sofisticados, sino de construir una agilidad mental donde la memoria y la resolución de problemas se activan de forma orgánica. El idioma deja de ser una materia escolar para convertirse en el canal natural de su propio pensamiento.

Seguridad que abre puertas

El impacto más profundo de dominar una segunda lengua a temprana edad no es únicamente académico, sino emocional. Es fascinante ver cómo un niño reservado transforma su postura cuando descubre que su voz tiene alcance. Al encontrarse en un entorno seguro donde equivocarse es simplemente parte del proceso, la timidez se disuelve. De pronto, se dan cuenta de que expresaron un punto de vista o redactaron una idea sin depender de un diccionario ni de un traductor digital.

Esa certeza personal es la verdadera llave. En un mundo hiperconectado y globalizado, saber comunicarse en el idioma universal elimina cualquier frontera física. Abre la puerta a becas de excelencia, programas de movilidad universitaria y un desarrollo profesional sin límites geográficos, permitiéndoles interactuar con absoluta confianza tanto en el aula como en la vida diaria.

El futuro habla coreano

Pero el dominio del inglés es solo el punto de partida en la educación contemporánea. En un entorno dinámico, integrar lenguas como el coreano ya no es una rareza ni un relleno curricular, sino una ventaja competitiva de primer nivel. Impulsados por el fenómeno cultural del K-pop, la gastronomía y el entretenimiento, los jóvenes encuentran una motivación innata que, encauzada con rigor, se convierte en una herramienta profesional formidable para acceder a licenciaturas, maestrías y doctorados en Asia.

Aprender coreano revela además una fascinante estructura lógica. Su sistema alfabético permite a los estudiantes comenzar a leer en cuestión de horas, facilitando que en un par de años alcancen una comunicación fluida y certificable mediante exámenes internacionales. Más allá de la lingüística, este aprendizaje inculca profundos valores de respeto intergeneracional y empatía cultural. Cultivar mentes bilingües y multilingües desde la infancia no es solo enseñar palabras nuevas: es entregarles el mapa para navegar el mundo con seguridad, carácter y un horizonte sin fronteras.

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