Por: Jorge Alanis Zamorano
Hay personas que no solamente trabajan en el campo: llevan el campo dentro. La ingeniera Nelly Ortiz es una de ellas. La conozco desde hace más de diez años y, cada vez que vuelvo a encontrarme con ella, descubro una nueva etapa de una historia que comenzó cuando apenas tenía ocho años, entre colmenas, miel y el ejemplo de sus padres.
Llegar a Abeja Planet es entrar, literalmente, en el mundo de las abejas. Pero también es entrar en una historia familiar que ya alcanza cuatro generaciones y que tiene algo que me parece especialmente valioso: compartir lo aprendido para que otros conozcan, consuman y valoren lo que hay detrás de un frasco de miel.


Una herencia viva
Nelly es apicultora de segunda generación. Su padre, Fausto Ortiz, fue agricultor, apicultor y administrador de haciendas henequeneras; su madre, Carmen Vázquez, maestra, aportó otra mirada: la inquietud por investigar, aprender y buscar formas de tecnificar la actividad.
Nelly creció entre esas dos influencias. Por eso decidió ingeniera agrónoma y convertir aquella convivencia con el campo en una profesión.
Con el paso de los años llegó a presidir la Unión de Apicultores de Yucatán y a representar a los apicultores del estado a nivel nacional. Esa experiencia le permitió conocer otras formas de trabajar y entender que la apicultura todavía tiene un camino importante por recorrer en materia de tecnificación e inocuidad.
Pero quizá lo más interesante es que esa historia no terminó con ella.

La cuarta generación
Hoy su nieta Isaura forma parte de esta continuidad. Creció cerca de las abejas, investiga, disfruta la miel y participa en las visitas guiadas de Abeja Planet.
Me llamó particularmente la atención algo que Nelly me contó: “…Isaura puede explicarles a otros niños lo que significa convivir con las abejas desde su propia experiencia…”
No es lo mismo que un adulto le explique a un niño cómo funciona una colmena, que otro niño le cuente lo que ha visto, lo que ha aprendido y lo que le ha sorprendido.
Ahí la tradición deja de ser solamente una herencia familiar y se convierte en conocimiento que pasa de una generación a otra.

La miel también se descubre
Estamos tan acostumbrados a la miel que muchas veces dejamos de preguntarnos de dónde viene.
Algunos la ponemos para endulzar el café, sobre un hot cake, en algún alimento o simplemente la probamos a cucharadas. Pero detrás de ese sabor hay un mundo mucho más diverso de lo que imaginamos.
En Abeja Planet realizan una mini cata de mieles. Nelly enfatiza “…Y digo mini porque ahí pueden conocerse cinco variedades, aunque en realidad existen muchísimas más…”
La experiencia comienza con la vista. Después llega el olfato y finalmente el gusto. El color, el aroma, la textura y el sabor pueden cambiar dependiendo de la floración y del lugar donde trabajan las abejas. Me explica durante la charla.
Hace algún tiempo, una de las experiencias que más me sorprendió fue conocer la miel de mangle. Puede ser muy clara, incluso transparente, y tener un sabor diferente al que muchos imaginamos cuando pensamos en miel, de hecho, logras paladear sal, ya que se encuentra entre agua de mar.
Es entonces cuando uno entiende que la miel no tiene un solo sabor ni un solo aspecto.

Sembrar abejas
Pero Nelly no quiere quedarse únicamente con la venta de miel.
Uno de sus proyectos se llama Sembrando Abeja Planet, una propuesta para que empresarios y personas interesadas puedan establecer colmenas o meliponarios con asesoría.
Ya son varios empresarios los que se han sumado y algunos han incrementado considerablemente el número de colmenas con el acompañamiento del proyecto.
Y hay algo que me parece todavía más interesante: no necesitas tener un terreno para participar.
También existe la posibilidad de adoptar, apadrinar o amadrinar una colmena. La puedes visitar, conocer su desarrollo y recibir asesoría.
En otras palabras, no solamente estás adquiriendo un producto. Estás acercándote a una actividad que genera vida, trabajo y economía.



Una miel diferente
Durante nuestra conversación apareció otro producto que me pareció especialmente curioso: el panal de miel elaborado dentro de un frasco.
La abeja construye el panal, deposita la miel y finalmente lo opercula (es la fina capa o lámina de cera con la que las abejas sellan las celdillas del panal cuando la miel ha alcanzado su maduración óptima y el nivel de humedad ideal). El resultado llega al consumidor prácticamente como una pequeña muestra del trabajo que ocurre dentro de la colmena.
Y aquí aparece una reflexión importante que Nelly comparte desde su experiencia: conocer el producto también ayuda a reconocer su autenticidad.
Porque cuando vemos el panal sabemos que hubo abejas que lo construyeron, almacenaron la miel y lo sellaron.
Es una manera sencilla de acercarnos al origen de lo que estamos consumiendo.



Más que una cucharada
Nelly ha impulsado durante años una campaña que resume buena parte de su filosofía: “Una cucharada de miel al día te da energía”.
Pero después de conocer su historia, para mí esa cucharada representa algo más.
Representa el trabajo de una familia, el conocimiento transmitido entre generaciones, la labor de miles de abejas y el esfuerzo de quienes todos los días mantienen viva una actividad que forma parte de Yucatán.
Abeja Planet está en la calle 44 por 57 y 59, número 222, en el Fraccionamiento del Sur, donde también pueden encontrarse sus productos y conocer más sobre sus proyectos.
Llámale y pide tu miel a su celular +52 99 92 42 93 31 o manda un mensaje por WhatsApp.
Yo soy Jorge Alanis, para Nuevas Rutas, y sigo creyendo que vale la pena buscar a quienes están haciendo bien las cosas.
Porque cuando una persona produce, emprende, genera trabajo y comparte lo que sabe, su esfuerzo no termina en ella. De alguna manera, nos beneficia a todos.









